Arthur Ashkin fue un físico estadounidense que revolucionó la ciencia con sus «pinzas ópticas». En 2018, recibió el Premio Nobel de Física por este invento. Su técnica utiliza la presión de la luz láser para capturar y mover partículas microscópicas, permitiendo estudiar sistemas biológicos vivos sin dañarlos.
Trayectoria y biografía
Arthur Ashkin nació el 2 de septiembre de 1922 en Brooklyn, Nueva York. Su fascinación por la física comenzó durante sus estudios en la Universidad de Columbia. Allí colaboró en el laboratorio de radiación durante la Segunda Guerra Mundial. Más tarde, obtuvo su doctorado en la Universidad de Cornell, donde se formó con científicos de primer nivel del Proyecto Manhattan.
Su carrera profesional se desarrolló principalmente en los famosos Laboratorios Bell (Bell Labs). En este epicentro de innovación, Ashkin comenzó a experimentar con la luz láser a partir de 1960. Mientras otros buscaban potencia o comunicaciones, él se centró en la presión de radiación. Su objetivo era demostrar que los fotones podían empujar objetos físicos con una precisión asombrosa.
A lo largo de cuatro décadas en Bell Labs, Ashkin mantuvo una constancia admirable. Publicó numerosos artículos y registró patentes fundamentales para la manipulación atómica. A pesar de jubilarse en 1992, continuó investigando en su propio laboratorio doméstico. Su curiosidad audaz nunca se dejó intimidar por los límites técnicos de su época.
El logro y contribución científica
El hito que consagró a Arthur Ashkin fue la invención de las pinzas ópticas. Este descubrimiento se basa en que la luz ejerce una fuerza sobre cualquier objeto que encuentra. Ashkin descubrió que al enfocar un láser a través de una lente de microscopio, podía crear una «trampa» de luz. Esta trampa es capaz de sostener partículas diminutas en su centro.
La verdadera revolución ocurrió en 1987. En ese año, Ashkin utilizó sus pinzas para capturar bacterias vivas sin dañarlas. Hasta entonces, manipular virus o células requería contacto físico, lo que solía destruir la muestra. El uso de luz infrarroja permitió sujetar estos organismos sin quemarlos, abriendo una ventana nueva al estudio de la vida.
Este avance permitió medir fuerzas extremadamente pequeñas dentro de las células. Gracias a Ashkin, los científicos pudieron estudiar los «motores moleculares». Estas son proteínas que transportan sustancias y ahora podemos observar cómo «caminan» y cuánta fuerza ejercen. Esta capacidad de manipulación sin contacto transformó por completo la biofísica moderna.
Legado e impacto global
El legado de Arthur Ashkin es fundamental para la biología molecular y la nanotecnología. Hoy en día, las pinzas ópticas son un instrumento estándar en laboratorios de todo el mundo. Son esenciales para investigar la elasticidad del ADN y los procesos de división celular. Su trabajo tendió un puente definitivo entre la física de partículas y la medicina.
Además, sus investigaciones influyeron en el enfriamiento de átomos. Esta técnica ha permitido alcanzar temperaturas cercanas al cero absoluto, lo que facilitó otros Premios Nobel posteriores. El impacto de Ashkin trasciende su propio galardón; su técnica es la herramienta que permite a otros científicos seguir descifrando los secretos del universo.
En 2018, Ashkin se convirtió en la persona de mayor edad en recibir un Nobel hasta ese momento, con 96 años. Su vida subraya la importancia de la paciencia científica. Demostró que un haz de luz, manejado con ingenio, puede ser la herramienta más poderosa para comprender la complejidad de la materia y de los seres vivos.
Ficha Técnica
- Año: 2018
- Categoría: Física
- País de origen: Estados Unidos
- Género: Masculino












